Lara Diloy, el valor del trabajo en equipo

La directora de orquesta Lara Diloy lleva quince años subida al podio en proyectos sinfónicos y líricos de distinta naturaleza. Su vinculación con la música comenzó a través de la trompa, pero la dirección de orquesta fue conquistándola poco a poco hasta darse cuenta de que en ella se unían varias dos de sus motivaciones: trabajar en equipo y comunicar.

Esta temporada, entre otros proyectos, continúa como asistente en la Ópera de Oviedo y realiza su debut al frente de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias y en el Teatro Real, al frente de la JORCAM, en El Real Junior.

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¿Cómo llega una trompista a ser directora de orquesta?

Sé que hay mucha gente que sueña desde pequeña con la dirección de orquesta, pero en mi caso no fue así. Lo que más me ha motivado siempre ha sido hacer música en grupo. Cuando terminé los estudios superiores de trompa era bastante joven —entré con 16 años al conservatorio superior—, así que no había mirado dónde realizar un máster. Pensé: ‘quiero ser un músico más completo’, y decidí estudiar algo con lo que poder profundizar más en la música y que estuviera vinculado con lo que a mí más me gustaba, que era tocar en orquesta. Lo que encajaba era dirección de orquesta, así que estudié la carrera, pero sin visualizar que podría dedicarme a ello. Al terminar, empecé a dirigir más y fui como joven directora a la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE); esas experiencias me hicieron pensar por qué no iba a apostar por ello, ya que es algo que me apasiona y con lo que disfruto un montón.

¿Qué es lo que te sedujo del podio para decidir que querías dedicarte a la dirección de orquesta?

Hay tres razones fundamentales que me llevaron a tomar la decisión. Por una parte, la posibilidad de hacer mi propia interpretación: cuando eres trompista en una orquesta dependes de otros aunque pongas tu granito de arena, poder profundizar más en la música e interpretarla por mí misma es importante para mí; por otro lado, el trabajo en equipo va mucho con mi carácter, me apasiona; por último, el proceso de comunicación que conlleva hacer música desde el podio me interesa mucho.

¿Cuáles creen que deben ser los pilares en los que se sustente la figura del director o directora de orquesta?

Es complejo, son muchas pequeñas cosas, y creo que a día de hoy es imposible tenerlas todas. Va mucho en la línea de lo que comentábamos antes. Hay una parte de la que no nos podemos desligar, que es el profundo conocimiento de la música que uno está estudiando para poder comunicarla. Pero, si te la estudias muy bien y no eres capaz de comunicarla, no puedes ser un buen director. Estos dos procesos tienen que estar en línea. Hay muchas maneras de liderar y creo que cada uno ponemos en ello nuestra impronta y nuestra personalidad. En el siglo XXI vamos hacia un liderazgo desde el respeto, algo que es primordial. La autoridad no se consigue porque te impongas ante los demás, sino porque tengas respeto por las personas con las que estás trabajando. No hay secretos para esto, lo importante es encontrarse a uno mismo y desde ahí poder comunicar.

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